Aprender jugando

El mundo del juego es apasionante y hace falta que nos implicamos y nos dejamos seducir por esta pasión

Los profesores somos bien conscientes que una actividad lúdica gusta mucho más que las otras, y que se puede aprender mucha lengua con juegos cómo el colgado, el tabú, el memory, las ocho diferencias, el stop o deletrear, para posar solo algunos ejemplos.

Pasa el mismo con la chiquillería. ¿Verdad que todos hemos aprendido a orientarnos con las gincanas? ¿O con la gallinita ciega? ¿O con una «scape room»? ¿Y a tener agilidad con el pica pared? ¿Y a tener bastante arrancando cebollas? ¿Y velocidad con el juego del pañuelo? Y sabiduría con el trivial o el sabio? ¿Y fortuna con el parchís o la oca? ¿Y rapidez con las carreras de sacos? ¿Y léxico con las adivinanzas?

Pues, con nuestros hijos podemos hacer el mismo y veremos que aprenderán formas, colores, vocabulario, medidas, hábitos y un montón de cosas con los miles de juegos que existen y que son una gran riqueza de la humanidad.

El mundo del juego es apasionante y hace falta que nos implicamos y nos dejamos seducir todos por esta pasión.

 
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