El culto a la imagen, niños y adolescentes

La imagen es importante; pero la medida, también


En los últimos años, debido al boom de las redes sociales, el culto a la imagen y la importancia que los niños y adolescentes le otorgan ha ido en aumento de forma exponencial. En las escuelas nos hemos dado cuenta que los niños cada vez tienen más cuento su look desde edades más infantiles.

Todo ello es fruto de un sistema que nos manipula con inteligencia y una sociedad que cada vez potencia más los likes en detrimento a otros valores fundamentales. Y los adultos, sin darnos cuenta, hemos entrado en esta dinámica introduciendo a nuestros hijos en una espiral, que encara no los corresponde y que los aboca a la frivolidad más absoluta sin remedio.

 

El cierto es que a pesar de que el culto a la imagen ha existido siempre, la sociedad consumista actual le ha otorgado una importancia vital y nos quiere a todos en una adolescencia perpetua, proporcionándonos un montón de ímputs de los cuales es difícil escapar: tenemos que parecer los más atractivos, tener el cabello sedós, el afeitado perfecto, el look más sofisticado, el maquillaje permanente y la talla ideal. Y así nos encontramos haciendo dieta, yendo al gimnasio y creyente que necesitamos complementos de todo tipo que nos harán sentir mejor. El caso es que esta obsesión para gustar, para lucir el mejor físico posible y para demostrar que el tiempo no pasa para nosotros a menudo nos convierte en esclavos de nuestra propia imagen y nos condiciona nuestro día a día y nuestra autoestima...

Y en este proceso, acostumbramos a olvidar que nuestros hijos viven a nuestro lado observando nuestra obsesión por la dieta, el ejercicio y la juventud que queremos proyectar. Y sin querer contribuimos a potenciar en ellos una dependencia de la imagen que viven con total normalidad. Y dado que esto lo experimentan desde muy pequeños, cuando la adolescencia llega, los adultos se ven desbordados por sus exigencias respecto a la imagen y no saben como parar una cadena de despropósitos que se los ha ido de las manos.

Así pues, a continuación exponemos una serie de realidades que podemos observar en niños y niñas de hoy, que todavía los queda mucho para entrar a la adolescencia y que invitan a reflexionar:

  • Niños y niñas de parvulario y primaria con flequillos teñidos, gomines y potingues varios al cabello, con todo el que supone la utilización de productos químicos innecesarios desde tan pequeños.
  • Niñas con uñas pintadas, brillos a los labios que celebran sus fiestas infantiles en salones de belleza o manicura...
  • Preadolescents de 9 o 10 años con ropa de marca, ropa rota o ropa ajustada nada adecuada para correr, saltar o hacer la croqueta por tierra.
  • Adolescentes y preadolescents con tops sexis, shorts imposibles, capuchas en las aulas, gesticulaciones que invaden los pasillos y los patios de las escuelas e institutos.

En fin... Toda una serie de maneras de hacer que los niños absorben porque es el que ven en talentos show televisivos de máxima audiencia (donde los protagonistas son niños como ellos) o en los canales de youtubers e iinfluencers de moda que siguen con devoción.
Los padres muchas veces, incluso promueven estos hábitos porque los hace gracia ver a su hijo o hija cantante, bailando o comportándose como un adulto, y en ningún momento piensan que esta manera de hacer se los puede girar en contra años después.


Pero el cierto es que quemar etapas más bien del que corresponde es un peligro que puede acabar provocando conflictos que a la larga cuestan fuerza de gestionar. A saber:

  • Chicos y chicas que se quieren tatuar o perforar el labio, la lengua o la mejilla antes de tiempo cuando todavía no tienen un criterio bastante definido para darse cuenta que determinadas acciones son irreversibles...
  • Desórdenes alimentarios producidos por el afán de querer entrar en tallas imposibles...
  • Obsesiones por la macrobiòtica, la cocina vegana o la ortorèxia (trastorno caracterizado por la obsesión de comer sano y hacer ejercicio de forma compulsiva) en llena preadolescència, edad clave en el crecimiento.

Y un puñado de trastornos más de nueva generación que ni siquiera existían décadas atrás.
Es nuestra obligación como adultos apostar por el sentido común e inculcar a nuestros hijos desde muy pequeños, la importancia de llevar una vida sana y de adquirir unos buenos hábitos sin caer en la trampa del culto a la imagen que los traiga a la obsesión. Porque el hecho que cada vez haya más jóvenes que cuando cumplen 18 años pidan una operación de cirugía estética para celebrar la mayoría de edad, no deja de ser un dato preocupante que no tendríamos que tomar a la ligera.
La imagen es importante; pero la medida, también. Y aunque sea difícil luchar contra los estereotipos que la sociedad impone, sin duda es responsabilidad nuestra ayudarlos a tener criterio al respeto y a no dejarse deslumbrar por el postureo y la frivolidad de un like.

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